Dios creó al hombre y la mujer a imagen suya.

Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó varón y mujer (Gn 1, 27).

La Realidad: La idea de que Dios creó a la humanidad a imagen suya viene de las creencias egipcias acerca de la relación entre la humanidad y el Creador.

La Biblia dice que Dios creó al hombre y a la mujer de su propia ima¬gen, pero no explica qué significa ser creado a imagen de Dios. ¿Comparten la misma forma física o características físicas tales como la inmortalidad, o sólo algún tipo de similitud espiritual? No parece tratarse de ninguna de estas posibilidades.

Sabemos por el relato de Adán y Eva que el conocimiento del bien y del mal (la base fundamental para la similitud espiritual) y la inmortalidad (una característica física) eran atributos de Dios y de sus ángeles, pero no eran atributos que se le otorgaran a la humanidad al principio de su crea¬ción. Además, Dios adopta varias formas en la Biblia, incluyendo un arbusto en llamas y una nube de humo, por citar sólo dos ejemplos. De modo que Dios y los humanos no compartían una forma física similar.

Otra pregunta que plantea el pasaje bíblico está relacionada con el sexo de esta imagen. ¿Era la imagen de Dios varón o mujer, o ambos? Aunque la traducción inglesa dice al principio que Dios creó al «hom¬bre» a imagen suya, luego dice «varón y mujer los creó». El problema reside en que la traducción inglesa no refleja exactamente el texto hebreo subyacente. El hebreo no dice que Dios creó al «hombre»; dice que creó a ha-adam, que significa «el adán», y creó a «el adán» como varón y mujer. Si la palabra hebrea para «hombre» es ish, entonces ¿qué es un adán?
Debajo de la traducción inglesa yace la idea de que adán significa «hombre», pero en realidad ésta es una especulación por parte de los eru¬ditos de la Biblia, que dan por sentado que éste es el significado. Deriva básicamente de un juego de palabras basado en la creencia de que Adán fue creado de la arcilla.

En hebreo y en otras lenguas semíticas, la palabra para arcilla es ada-mah, y, puesto que el Génesis dice que Dios creó al ser que posteriormen¬te se llamó Adán de la arcilla, los eruditos de la Biblia han dado por sen¬tado que la palabra para arcilla es una metáfora para hombre.

De hecho, hay un par de referencias no bíblicas para indicar que este podría ser el caso, pero éstas se limitan a un puñado de nombre propios hallados en textos en la biblioteca del antiguo Ugarit y que datan del siglo xiv a.C. No tenemos indicios de ningún uso generalizado en las lenguas semíticas de la palabra adán con el significado de «hombre».

El problema aquí es que los escribas hebreos adoptaron la idea de que el hombre fue creado a imagen de Dios a partir de las tradiciones egip¬cias. Esa creencia permaneció con los israelitas a lo largo de su historia, pero debido a que no creían en ninguna forma física para la representa¬ción de una divinidad, cuando el Génesis adoptó su forma escrita final, el concepto de una «imagen de dios» ya no tenía ningún significado específico.

Para trazar el concepto hasta sus orígenes, observen la visión de los egipcios. Los egipcios creían que la humanidad había sido creada a ima¬gen del Creador y que el Creador tenía características tanto de varón como de mujer. Un pasaje de un antiguo texto conocido como Enseñanza para Merikare ilustra el primer principio.

Bien cuidada está la humanidad—el ganado de dios.
Él hizo el cielo y la tierra para ellos
Él dominó al monstruo marino,
Él hizo el aliento para que sus narices vivieran.
Ellos son sus imágenes, que surgieron de su cuerpo.

Debe prestarse atención al paralelismo con el pasaje bíblico, en el cual se habla no sólo de que la humanidad está hecha a imagen de Dios, sino que además incorpora tanto al varón como a la mujer dentro de la imagen.
Por lo visto este texto gozó de una amplia difusión en Egipto. Su origen se remonta al siglo xx a.C., y la forma actual del texto aquí citado viene de un papiro escrito durante el período del Imperio Nuevo, varios siglos después. Los escribas hebreos en Egipto seguramente conocían las ideas expresadas en él.

Mientras que los egipcios tenían varias ideas acerca de cómo fueron creados los humanos, esta versión en particular indica que los hombres y las mujeres eran partes del cuerpo del Creador, y es en este sentido que la humanidad poseía la imagen de un dios. Varios textos también muestran que el Creador incorporó características tanto de hombre como de mujer, explicando cómo las formas de ambos sexos podían tener el mismo origen.

En el esquema hermopolitano, por ejemplo, el Creador estaba com¬puesto por cuatro criaturas masculinas y cuatro femeninas como un ente único. En las tradiciones hermopolitanas y menfitas, Atum, sin necesidad de una pareja, dio a luz a dos divinidades, Shu mediante un estornudo y Teíhut al escupirla. Lo hizo, según un texto, tras «haber actuado como marido con mi puño». A Atum también se le ha conocido como el «Gran El-Ella», Ptah, el Creador menfita, también exhibe características mascu¬linas y femeninas. Según un texto:

Ptah-sobre-el Gran-Trono
Ptah-Nun, el padre que creó a Atum;
Ptah-Naunet, la madre que dio a luz a Atum...

Así, descubrimos que los textos egipcios muestran al Creador como poseedor de aspectos masculinos y femeninos y que la humanidad fue creada a imagen suya. Esto se traduce en el Génesis como: «Y creó Dios al hombre [es decir, los humanos] a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; y lo creó varón y mujer».

Por ultimo, llegamos a la cuestión de la identidad de ha-adan, el ser creado hombre y mujer. Puesto que los nombres de Atum y Adán se pro¬nuncian de manera casi idéntica, la «d» y la «t» son intercambiables a nivel fonético, es lógico suponer que «el Adán» se trata de un término colectivo para una multitud de seres que surgieron de Atum, el Creador heliopolitano.